Han pasado 26 años desde que Digimon aterrizó por primera vez en España en La 2 de TVE, y para muchos no fue solo otra serie más de la tele, fue esa serie que te hacía correr a casa, dejar la merienda a medias y sentarte delante del televisor como si no existiera nada más. Sin darnos cuenta, nos metimos de lleno en una historia que iba mucho más allá de monstruos que evolucionaban: había aventura, sí, pero también emoción, personajes que crecían y momentos que se te quedaban grabados aunque en aquel momento no supieras muy bien por qué.
Cuando Digimon se convirtió en algo más que “dibujos”
Lo curioso es que Digimon Adventure llegó en una época en la que parecía que todo giraba en torno a fórmulas parecidas dentro de la animación infantil, pero esta serie tenía un rollo distinto. Aquí no todo era pelear y ya está: había continuidad, había historia, y cada capítulo importaba. Te enganchaba poco a poco, casi sin hacer ruido, hasta que de repente estabas totalmente metido en ese mundo digital con Tai, Matt y compañía como si fueras uno más del grupo.
Además, los protagonistas no eran perfectos ni mucho menos. Dudaban, se enfadaban, tenían miedo y metían la pata. Y eso hacía que todo se sintiera más cercano. Mientras avanzaba la serie, ellos cambiaban, y tú con ellos. Había momentos divertidos, pero también otros más serios que se te quedaban rondando en la cabeza, aunque en ese momento solo pensaras que eran “dibujos”.
Y luego estaba la forma de verlo, que también tenía lo suyo. Digimon era parte de esa rutina diaria en la que encendías la tele a una hora concreta y listo. Si llegabas tarde te lo perdías, y si no veías un capítulo tocaba enterarte al día siguiente hablando con los amigos. Era una forma distinta de seguir una serie, más simple pero también más intensa, porque cada episodio importaba y no había manera rápida de ponerse al día.
Es increíble que, 26 años después, sigua siendo fácil acordarse de ella. No solo por nostalgia, sino porque en su momento supo hacer algo que no todas las series consiguen, quedarse contigo incluso cuando ya has dejado de verla.


