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Hades II: Explorando la mitología griega en el videojuego

Hace unos meses hicimos un repaso por el panteón griego que Supergiant nos ofreció para la primera entrega de Hades. El primer título convirtió el Inframundo en un lugar extrañamente cercano. Entre combates imposibles y diálogos brillantes, Supergiant consiguió que los dioses griegos dejaran de sentirse figuras lejanas para convertirse en personajes llenos de inseguridades, ironía y heridas familiares. Pero Hades II no busca repetir aquella fórmula exactamente igual. La secuela cambia el tono por completo. Y en este capítulo vamos a cerrar este círculo de artículos con un repaso a la mitología de Hades II.

Aquí todo resulta más frío. Más ritualístico. Más melancólico. La historia ya no gira alrededor de escapar de casa, sino de luchar por salvar lo que queda de ella. Y eso se refleja especialmente en sus personajes. Porque si algo vuelve a demostrar Supergiant es que entiende la mitología griega no como una colección de nombres famosos, sino como un conjunto de símbolos profundamente humanos. Cada dios, cada hechicera y cada criatura arrastra un significado detrás.

Melínoe, princesa del Inframundo

Melínoe es una protagonista radicalmente distinta a Zagreo, y eso define buena parte de la identidad de Hades II. Mientras el hijo de Hades transmitía rebeldía, ironía y una sensación constante de improvisación, Melínoe parece alguien que nunca ha tenido margen para elegir su propio camino. Todo en ella, su forma de moverse, de hablar, de luchar, transmite disciplina, preparación y un peso emocional que no termina de explicarse del todo. Es una figura construida alrededor de una única misión: derrotar a Cronos.

En la mitología griega, Melínoe es una figura menor y profundamente inquietante. Nace de la unión entre Perséfone y Zeus (bajo el disfraz de Hades en algunas versiones), lo que ya la coloca en un origen ambiguo y problemático. Su mito la describe como una entidad asociada a los fantasmas, las pesadillas y las apariciones nocturnas: una presencia liminal, mitad divina y mitad espectral. Se decía que vagaba por la noche aterrorizando a los mortales, un símbolo de los miedos que no tienen forma clara.

Pero lo más potente del personaje es que rara vez parece moverse por odio. No hay en ella una intención vengativa clara, sino algo más silencioso: agotamiento. Melínoe da la impresión de haber nacido demasiado tarde dentro de una guerra que ya estaba escrita. Y ese matiz la convierte en uno de los personajes más trágicos del universo de Supergiant.

Hécate y el dominio de las brujas

Hécate es una de las diosas más complejas del panteón griego. En el mito, es la divinidad de la magia, los cruces de caminos, la noche y la necromancia. Aunque en origen no era una diosa “infernal”, con el tiempo pasó a asociarse con el mundo ctónico, actuando como intermediaria entre lo vivo, lo muerto y lo desconocido. Se la representaba con antorchas, perros y llaves, símbolos de guía y acceso a lo oculto.

Su relación con Melínoe es compleja precisamente porque nunca es del todo transparente. Hécate guía, entrena y protege, pero al mismo tiempo condiciona cada aspecto de la existencia de su discípula. No es una figura maternal en el sentido tradicional, sino una arquitecta del destino, alguien que entiende que el sufrimiento forma parte del proceso. Esa ambigüedad hace que cada conversación con ella tenga un trasfondo incómodo, como si siempre hubiera algo importante que no se está diciendo.

Además, el Cruce de Caminos como espacio central refuerza toda esta simbología. En la mitología, las encrucijadas eran lugares sagrados asociados a Hécate, espacios donde las decisiones tenían un peso casi ritual. Hades II convierte esa idea en estructura narrativa: cada avance, cada retorno y cada elección parecen formar parte de un ritual mayor que nadie termina de comprender del todo.

Cronos, titán del tiempo

Cronos (o Crono) es uno de los Titanes primordiales de la mitología griega. En el mito más conocido, es hijo de Urano y Gea, y lidera la rebelión contra su padre para derrocarlo. Sin embargo, tras tomar el poder, repite el mismo ciclo de violencia: para evitar ser destronado, devora a sus propios hijos. Finalmente será derrotado por Zeus, cumpliendo así la profecía que intentaba evitar.

En Hades II, la elección de tenerlo como villano principal es clave, esa idea se transforma en algo aún más abstracto en el juego. Cronos no es solo un villano; es una presencia que contamina el mundo. Todo a su alrededor transmite desgaste, repetición y agotamiento, como si el propio tejido del Inframundo estuviera siendo erosionado. Su figura encaja perfectamente con la estructura del roguelike, donde el tiempo se repite constantemente en bucles de muerte y renacimiento.

Y eso convierte al personaje en algo más que un antagonista tradicional. Cronos representa la imposibilidad de escapar de los ciclos. No importa cuánto avances, el tiempo siempre vuelve a imponerse. Esa idea atraviesa todo el juego y refuerza su tono trágico de forma constante.

Prometeo y un castigo infinito

Prometeo es uno de los Titanes más conocidos de la mitología griega. Su mito central narra cómo robó el fuego de los dioses para entregárselo a la humanidad, permitiendo así el progreso humano. Como castigo, Zeus lo encadenó a una roca donde un águila devoraba su hígado cada día, en un tormento eterno que se repetía sin fin.

En Hades II, su presencia refuerza una idea clave: la desobediencia como forma de identidad. A diferencia de otros personajes atrapados por el destino, Prometeo representa a alguien que decidió cruzar una línea sabiendo exactamente las consecuencias. No es una víctima pasiva, sino un agente de su propia tragedia. Y eso lo convierte en un espejo interesante dentro de un mundo donde muchos personajes parecen incapaces de escapar de su papel.

Su relación con Melínoe funciona precisamente desde esa tensión. Ambos comparten la sensación de estar enfrentándose a fuerzas muy superiores, pero desde lugares distintos: ella desde la obligación, él desde la elección. Y en esa diferencia se construye buena parte de su fuerza simbólica.

Odiseo, Némesis y Moros; el peso del destino escrito

Odiseo es uno de los héroes más complejos de la mitología griega. Rey de Ítaca y protagonista de la Odisea, su mito narra el regreso imposible tras la guerra de Troya, un viaje de años marcado por pérdidas, pruebas divinas y la constante lucha por volver a casa. Su inteligencia es legendaria, pero su historia es, sobre todo, la de un hombre desgastado por el viaje. Hades II recoge esa versión final del personaje: no el héroe glorioso, sino el superviviente. Odiseo aparece como alguien que ha vivido demasiado tiempo dentro del conflicto, incapaz ya de separar la vida de la guerra.

Némesis, por su parte, es la diosa de la retribución. Su mito la define como la encargada de castigar la hybris, el exceso y la arrogancia humana. Es la fuerza que devuelve el equilibrio cuando alguien se cree por encima de su destino. En el juego, esa idea se transforma en una personalidad orgullosa, competitiva y constantemente en tensión con los demás.

Moros completa el conjunto desde el otro extremo: es la personificación del destino inevitable. En el mito, representa aquello que está escrito antes de ocurrir, la condena que no puede evitarse. Su presencia en el juego refuerza una sensación constante: todo avanza hacia un final que ya existe desde el principio.

Tifón, rey de los monstruos

Tifón es, en la mitología griega, una de las criaturas más terroríficas jamás concebidas. Hijo de Gea y Tártaro en muchas versiones del mito, nace como respuesta directa al dominio de Zeus y los Olímpicos. Su forma varía según las fuentes, pero siempre mantiene una escala descomunal: un ser monstruoso, con múltiples cabezas de serpiente, alas, fuego en la mirada y una fuerza capaz de sacudir el mundo entero. Es, en esencia, la personificación del caos primordial que amenaza con destruir el orden divino.

En el mito, Tifón llega a enfrentarse a Zeus en una guerra que pone en peligro el propio equilibrio del cosmos. Aunque finalmente es derrotado y encerrado bajo el monte Etna, su presencia nunca desaparece del todo: el mito sugiere que los terremotos y las erupciones volcánicas son su forma de seguir luchando desde el subsuelo. Hades II recupera esa idea para cerrar su imaginario: incluso cuando los dioses creen haber establecido el orden, siempre existe algo más antiguo, más grande y más salvaje esperando bajo la superficie.

Y así, el juego termina de completar su mapa mitológico. Desde Melínoe hasta Tifón, todo en Hades II habla de lo mismo: fuerzas que intentan sostenerse en un mundo donde el equilibrio nunca es definitivo, y donde incluso los dioses saben que el caos no se derrota… solo se contiene durante un tiempo.

Pedro A.

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Historiador, amante del cine, de los gatos y de los murciélagos que protegen la ciudad gótica. Videojugador desde chiquitito, si quieres conquistarme, tu dame un buen personaje y una buena historia y me tendrás en la palma de tu mano.

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