En su larga tradición con Assassin’s Creed, Ubisoft ha entrelazado siempre hechos reales y ficciones osadas para construir relatos que no solo nos llevan a vivir aventuras espectaculares, sino también a reexaminar épocas complejas del pasado humano. Con Assassin’s Creed Codename Hexe, la saga parece encarar uno de los capítulos más sombríos y menos explorados de la historia europea: las persecuciones de brujas en el Sacro Imperio Romano Germánico del siglo XVI y comienzos del XVII, un terreno fértil para tensiones narrativas, miedos culturales y un entorno histórico que redefine quienes son los cazadores y quiénes las presas.

Europa Central en llamas
La palabra “Hexe” no es un título escogido al azar: en alemán significa literalmente “bruja”, y su sola presencia evoca siglos de paranoia religiosa, superstición y violencia social. La Europa del norte, especialmente las regiones que hoy conforman Alemania, fue el epicentro de las llamadas cazas de brujas, multitudinarias oleadas de acusaciones, juicios y ejecuciones que arrasaron con comunidades enteras entre los siglos XVI y principios del XVII.
Lejos de ser simples cuentos sobre lo oculto, estas persecuciones obedecían a un caldo de cultivo histórico donde la religión, el miedo y la estructura política del Sacro Imperio Romano Germánico se unieron para institucionalizar la violencia contra supuestos herejes y hechiceros. Durante este período, la autoridad del Imperio descansaba tanto en nobles locales como en el poder eclesiástico, que en muchos casos funcionaban como fiscal y juez en los tribunales de brujería.
Para Assassin’s Creed, esto significa un escenario brutal: un mundo fracturado por la sospecha, donde amigos se convierten en enemigos por un simple rumor, y las hogueras no son símbolos de purificación, sino de control. Es una Europa donde el concepto de “herejía” alimenta la violencia, un momento de contrarreforma religiosa que pretende sentar nueva cátedra respecto al dominio religioso.
¿Qué esperamos del nuevo o la nueva protagonista?
En entregas como Origins, Odyssey o Valhalla, los protagonistas han sido guerreros, líderes y figuras históricas que, aunque ficticias, se movían en consonancia dentro de sus contextos. Bayek, Kassandra o Eivor eran combatientes, jefes de grupo, hombres y mujeres hechos a la lucha, a la conquista o a la supervivencia directa de un conflicto militar.

Hexe, en cambio, sugiere una vuelta de tuerca donde el miedo toma relevancia. El protagonista (o la protagonista, o eso dictaminan las filtraciones) podría comenzar la historia no como cazador, sino como cazada, marcada por acusaciones de brujería o por vínculos ilícitos que la sociedad de la época considera una herejía intolerable. Algunas filtraciones hablan incluso de una figura femenina conectada con lo oculto que huye de soldados o inquisidores, un relato que se aleja de lo típico en la saga y que podría darnos una historia mucho más oscura, donde lo oculto y el propio miedo puedan usarse como mecánicas.
La posibilidad de ver fugas, traiciones, y una trama que nos recuerde a lo vivido en esa persecución de los Auditore por parte de los templarios de Assassin´s Creed 2 se antoja muy interesante. No debemos olvidar que el director narrativo de esta entrega es Darby McDevitt, quien trabajó previamente en Revelations, Black Flag, o Valhalla. Esto hace que se postule como uno de los guionistas más talentosos de la saga y el contexto tan intrincado del momento puede ser realmente jugoso para desarrollar una trama para el recuerdo.
El Sacro Imperio Romano Germánico: entre reinos, superstición y poder
Históricamente, el Sacro Imperio no fue un estado homogéneo con un gobierno central fuerte: era una amalgama de duques, príncipes, obispos y ciudades-estado en constante conflicto con el emperador Carlos V. Donde cada autoridad local tenía poder de vida y muerte sobre sus súbditos. Esta fragmentación política fue un terreno ideal para que la caza de brujas floreciera debido al protestantismo religioso, pues permitía a líderes locales usar el pretexto de la herejía para reforzar su autoridad o deshacerse de rivales.

En Assassin’s Creed Hexe, podemos imaginar ciudades adoquinadas bajo ley marcial, bosques negros que esconden cultos clandestinos, y barrios llenos de murmullos donde un gesto equivocado puede condenar a alguien al fuego. Cada pueblo o principado puede ser un microcosmos de miedo, cada tribunal de brujería un antagonista potencial, y cada acusación una oportunidad narrativa para explorar cómo la historia oficial de una época, escrita por los vencedores, difiere de las vidas reales de aquellos que sufrieron en sus márgenes.
¿Qué significa esto para la saga?
Si los rumores se confirman, Assassin’s Creed Hexe no solo representa otra excursión en una época exótica, sino una dramatización de uno de los periodos más inhumanos de la Europa premoderna. La antítesis del humanismo del Renacimiento. La historia de persecuciones, miedos colectivos, y la instrumentalización del terror por parte de las autoridades no solo desafía las nociones del jugador sobre el bien y el mal, sino también sobre la propia esencia de lo que significa ser un asesino.
Más allá de los combates y la estética. Es, sin duda, una de las apuestas más valientes y menos convencionales de la franquicia, y una que promete redescubrir la historia europea con una lente más crítica y más visceral que nunca.



