Hoy, todos los focos se centran en Devil Jam, un roguelite de acción tipo survivors-like desarrollado por Rogueside, un estudio belga que os sonará por ser los creadores de Warhammer 40000: Shootas, Blood and Teef. En este caso, han querido recoger la esencia del género de los bullethell y envolverla en una estética heavy metal, donde el combate, además de ser un caos, también es ritmo. Aquí sobrevivir se basa en seguir el compás y seguro que Devil Jam te lo pone muy difícil.

Fecha de salida: 3 de noviembre de 2025 (PC) | 26 de marzo de 2026 (Consolas)
Desarrolladora: Rogueside
Distribuidora: Rogueside
Plataformas disponibles: PC, Nintendo Switch, PlayStation 5 y Xbox Series X|S
Textos: Español
Voces: –
Plataforma analizada: PC (Steam)
Historia: un contrato con el diablo
La historia de Devil Jam es sencilla y meramente anecdótica. En este juego encarnamos a un grupo de rock o heavy metal —está un poco en el aire todo— que ha firmado su primer contrato con el Diablo en busca de la fama. Sin embargo, no todo ha salido como esperaba, ya que han sido arrastrados al mismísimo infierno antes de tiempo.
En este mundo infernal, nos vemos envuelto en un conflicto entre el Diablo y la Muerte, la cual ha decidido introducirse en el mundo de la música y ahora es nuestra rival en el mundo del heavy. A partir de ahí, nuestro objetivo será saltar al escenario y sobrevivir a oleadas constantes de enemigos demoníacos mientras avanzamos y progresamos en este simpático roguelite para acabar con la propia Muerte.
A lo largo del juego iremos desbloqueando a los miembros de la banda, que se unirán a Falco, nuestro primer personaje, y recibiremos la ayuda de los siete pecados capitales, totalmente reinterpretados como arquetipos de la industria musical, para echarnos una mano.

Jugabilidad: el ritmo es lo importante
Devil Jam bebe directamente del subgénero survivors: partidas en las que nuestro personaje ataca de forma automática mientras nosotros solo nos centramos en movernos, esquivar y elegir mejoras. Sin embargo, ofrece una nueva capa que lo diferencia del resto al integrar el ritmo musical en sus mecánicas. Así, a grandes rasgos, se trata de una fórmula accesible pero con maticdes, que busca la supervivencia, la construcción de builds y sinergias y la sincronización musical.

Siguiendo el ritmo
Donde Devil Jam intenta dar un paso al frente integrando el ritmo dentro de la acción. En este caso, la música no es un simple acompañamiento; marca el tempo de las acciones y, en definitiva, condiciona la percepción del combate, ya que todo parece moverse al compás: desde la cadencia de los ataques hasta la presión de las hordas. La sincronización genera momentos especialmente satisfactorios —ahora os contaré el porqué— donde el jugador y el juego parecen entenderse a la perfección.
Uno de los pilares más sólidos del juego consiste en su sistema de progresión dentro de la partida. A medida que vamos sobreviviendo, recogemos la experiencia que nos sueltan los enemigos y vamos desbloqueando nuevas armas, habilidades y pasivas que definirán nuestro estilo de juego en la run.
Aquí entra un sistema de juego interesante, ya que nuestro inventario es limitado y obliga a tomar decisiones. No todo cabe, y eso convierte cada elección en algo relevante. En este caso, es una cuadrícula de 4×3, donde vamos lanzando ataques en función de los pulsos del compás a ritmo de negras. Colocar una habilidad en un sitio determinado o reemplazarlo por otra puede suponer un riesgo que aporta profundidad a la experiencia, invitándonos a experimentar con distintas combinaciones para adaptarnos a lo que cada partida ofrece.




Posicionarse y leer el caos
Más allá de las habilidades, el verdadero dominio de Devil Jam —y de los survivors-like en general— pasa por entender cómo se distribuye y se gestiona el espacio. La pantalla pronto se llena de enemigos, proyectiles y efectos visuales, convirtiendo cada partida en un ejercicio por intentar leer el caos.
Saber moverse, anticipar las rutas de escape y evitar quedarse rodeado es mucho más importante en este caso que cualquier mejora puntual. En este sentido, el juego funciona francamente bien: las hitboxes responden bien, los impactos de los enemigos no son excesivamente punitivos y la sensación de supervivencia es intensa y satisfactoria.
Igualmente, este mismo caos juega también en su contra de igual manera que sus homólogos. En determinados momentos, la acumulación de enemigos en pantalla junto a los efectos de partículas y los elementos del escenario dificulta la lectura de la acción, lo que provoca más errores por confusión que por falta de habilidad.
En cuanto a los enemigos, todos cumplen su función dentro del conjunto. Me explico: no destacan por su complejidad individual en absoluto, pero sí por cómo se combinan, produciendo ese efecto horda que acaba por generar tensión. Por su parte los jefes generan ese cambio de ritmo interesante que rompe la presión. Aparecen en momentos clave para obligarte a modificar la estrategia. Sin embargo, su impacto se ve reducido por una variedad que está algo limitada, lo que hace que, tras varias partidas, pierdan parte del encanto y de la capacidad de sorpresa.




La rejugabilidad y su gran punto débil
Como buen roguelite, Devil Jam apuesta por la rejugabilidad. Poder desbloquear nuevos personajes, habilidades y mejoras te invitan a seguir jugando más allá de la primera vez que completes un nivel.
Sin embargo, esta motivación se va a ir diluyendo poco a poco con el tiempo. Hay muchas veces que la progresión global no resulta lo suficientemente estimulante, y la falta de variedad en los escenarios y las situaciones que se producen van reduciendo poco a poco el incentivo para seguir explorando todas sus posibilidades.
La falta de escenarios
Realmente ahí es donde flaquea muchísimo Devil Jam: su diseño de niveles. Gran parte del juego transcurre en un mismo escenario, y aunque si bien es cierto que tienes varios mapas para seleccionar, estos tienen poquísimas variaciones significativas entre unos y otros; afectando a la sensación de avance y haciendo que todas las partidas se parezcan mucho entre ellas. En un género donde la variedad es la clave para generar interés, debo confesar que esta repetición me ha pasado factura. Aun así, en sesiones cortas de una o dos partidas, el juego sigue funcionando a las mil maravillas, aunque no termina de alcanzar todo su potencial.




Apartado técnico
Devil Jam es un juego donde la pantalla tiene a llenarse de enemigos y efectos en pantalla. En PC y Steam Deck la experiencia se mantiene estable incluso en momentos de máxima intensidad, con una tasa de frames que rara vez se resiente de forma notable. No estamos ante un portento técnico ni ante un juego que exprima al máximo el hardware moderno, pero precisamente ahí está la virtud. Funciona bien en una amplia variedad de configuraciones, lo que lo hace accesible sin exigir grandes requisitos. Los tiempos de carga son rápidos, favoreciendo el flujo continuo de partidas. Echo de menos, eso sí, algún que otro ajuste que mejore la accesibilidad para hacer más visible al personaje y los proyectiles.
Apartado gráfico y artístico
Devil Jam deja claro desde el primer momento cuál es su identidad visual. Su estilo bebe directamente del heavy metal, con demonios estilizados, escenarios infernales y una paleta llena de rojos intensos, verdes y rosas neón, negros profundos y contrastes agresivos.
El juego apuesta por acabados dibujados, con un toque casi caricaturesco en ciertas ocasiones, lo cual le da identidad propia y genera exageración, caos y cierta irreverencia estética que encaja perfectamente con lo que propone Rogueside; con un punto entre lo grotesco y lo estilizado tan característico de este género musical.
El único problema es que en medio del frenesí y de las oleadas, muchos enemigos tienden a confundirse entre sí, algo típico en este tipo de títulos. A medida que avanza la partida, la pantalla se llena de efectos, partículas y enemigos, generando un caos que, si bien resulta coherente con la propuesta, siempre juega en contra del jugador. Los escenarios cumplen a nivel estético. Están bien representados pero fallan en su variedad.
Apartado sonoro
Ahora hablamos de lo más destacable: su apartado sonoro. La música es el corazón del juego, y Devil Jam lo sabe. Inspirada principalmente por el rock y el metal, la banda sonora establece el tono de la experiencia y refuerza su identidad. Cada partida actúa de cierta manera como un concierto y esa relación se hace palpable en la jugabilidad. El tempo influye en la percepción del combate y en la cadencia de la acción, creando una conexión directa entre lo que se escucha y lo que se juega.
Cuando funciona, como en este caso, el resultado es muy satisfactorio, generando momentos en los que todo fluye con naturalidad y coherencia. Sin embargo, tampoco contamos con muchos temas en la banda sonora, repitiéndose al cabo de algunas partidas. Algunas composiciones también me han parecido algo forzadas a la mecánica, como si se priorizara la sincronización sobre la personalidad musical y haciendo que estas se sientan algo artificiales.
En cuanto a los efectos de sonido, Devil Jam cumple sin destacar especialmente. Los impactos, habilidades y acciones están bien representados, pero no alcanzan el mismo nivel de protagonismo que la música. La retroalimentación sonora es clara y funcional, pero no puede evitar sentirse opacada por la banda sonora y el caos de la acción.
En su conjunto, es una mezcla entre aciertos y oportunidades perdidas, pero la idea de crear una experiencia en torno a la música es potente y diferenciadora. Aun así, es uno de los elementos más distintivos del juego y el principal responsable de que su propuesta resulte, como mínimo, diferente.
Análisis en video
Conclusión
Devil Jam es un juego con una idea muy atractiva: combina el caos de los roguelite y los survivors con una capa de puro heavy metal que lo hace brillar con luz propia. En muchos aspectos consigue lo que se propone, especialmente en su identidad estética y en su propuesta jugable.
Sin embargo, se queda a medio camino muchas veces con la falta de variedad en los escenarios, una progresión basada en botellitas que es poco satisfactoria y no tarda en volverse repetitivo, haciendo que pierda mucho fuelle tras dedicarle unas cuantas horas.
Aun así, no deja de ser una experiencia entretenida, especialmente para echarte un par de partidas al día en sesiones cortas, y sus mecánicas basadas en el ritmo aportan un matiz interesante dentro de un género que cada día está más y más saturado.
Lo mejor
- El concepto es original, mezclando ritmo y supervivencia
- Dirección artística muy marcada, creativa y potente
- Jugabilidad muy accesible, con escasa curva de dificultad
Lo peor
- Falta de variedad en los escenarios
- Progresión poco satisfactoria
- Muy repetitivo a corto o medio plazo
Nuestra valoración de Devil Jam



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