Hay juegos que se disfrutan. Y luego están los que se estudian, los que te exigen atención, paciencia y una implicación casi obsesiva. Nioh 3 pertenece claramente al segundo grupo. Desde el primer contacto con el título, queda claro que Team Ninja no ha querido suavizar aristas ni hacer concesiones innecesarias. Al contrario, ha decidido pulir, expandir y complejizar su fórmula hasta ofrecer, probablemente, el Nioh más completo hasta la fecha.
La sensación al terminarlo no es de alivio, sino de satisfacción profunda, de haber pasado por un proceso de aprendizaje duro, endiablado por momentos, pero tremendamente estimulante. Nioh 3 no busca agradar a todo el mundo. Busca obsesionarte. Y lo consigue.

Fecha de salida: 6 de febrero de 2026
Desarrolladora: Team Ninja
Distribuidora: KOEI TECMO
Plataformas disponibles: PC, PlayStation 5
Textos: Español
Voces: Inglés, Japonés
Plataforma analizada: PlayStation 5
Historia: Destino y ambición
En Nioh 3 encarnamos a Tokugawa Takechiyo, una figura histórica reinterpretada por Team Ninja, heredero del clan Tokugawa y personaje clave dentro del Japón feudal. Lejos de presentarlo como un héroe idealizado, el juego lo construye como un protagonista avatar que nos creamos a nuestra elección, atrapado entre la ambición, el deber y un mundo que se desmorona a su alrededor. Su viaje se traduce en la lucha por sobrevivir y afirmarse en un entorno dominado por la violencia, la traición y lo sobrenatural.
La sinopsis del juego gira en torno a un Japón fragmentado por luchas de poder en el que las guerras humanas se entrelazan con la aparición de fuerzas demoníacas. El uso del poder yokai como herramienta política y militar rompe el frágil equilibrio del país, sumiéndolo en un caos creciente. Takechiyo se ve obligado a tomar parte en este conflicto, no solo para reclamar su lugar en la historia, sino para enfrentarse a una corrupción que amenaza con devorarlo todo.

Como es habitual en la saga, la narrativa mezcla acontecimientos y personajes históricos con mitología japonesa, difuminando constantemente la frontera entre realidad y leyenda. La historia, por tanto, funciona como un pretexto sólido y coherente para justificar el viaje de Takechiyo a través de un Japón hostil, plagado de yokai, traiciones y escenarios en decadencia. Descubrir nuevos enemigos, comprender su origen y sobrevivir a ellos resulta mucho más relevante que cualquier subtrama concreta.
Para la mayoría de jugadores, entre los que me incluyo, este enfoque es el más acertado. Nioh 3 no pretende contar una gran epopeya narrativa, sino ofrecer un contexto suficientemente potente para sostener una experiencia jugable extremadamente exigente. Tokugawa Takechiyo es, en ese sentido, el eje perfecto: un protagonista histórico, reconocible, pero lo bastante contenido a la jugabilidad como para que el verdadero relato se construya a través del combate, del diseño de enemigos y del propio aprendizaje del jugador porque al final, y no debemos olvidarlo, aquí venimos a que nos partan el lomo una y otra vez.
Jugabilidad: Dominar el caos
Si hay algo que define a Nioh 3 por encima de cualquier otro elemento es su jugabilidad. Team Ninja vuelve a demostrar que nadie entiende el combate técnico y exigente como ellos, y en esta tercera entrega lo hace ampliando, refinando y complejizando un sistema que ya era profundo de por sí. Aquí no basta con reaccionar rápido: hay que pensar, adaptarse y aceptar que el error forma parte del aprendizaje.
La experiencia jugable se construye a partir de capas que se superponen constantemente. Combate, exploración, gestión de equipo y toma de decisiones se entrelazan para crear una sensación de desafío permanente que puede resultar abrumadora al principio, pero tremendamente satisfactoria cuando todo empieza a encajar.
Dos caminos, una misma exigencia: samurái y ninja
Una de las grandes novedades de Nioh 3 es la introducción clara de dos estilos de combate diferenciados: el samurái y el ninja. No se trata de una simple elección estética, sino de dos formas de entender el enfrentamiento completamente distintas.
El estilo samurái apuesta por el peso, la contundencia y el control del espacio. Cada golpe se siente físico, con impacto real, y exige una lectura precisa del enemigo. Aquí prima el posicionamiento, la gestión del ki y el castigo al error ajeno. Es un estilo más clásico, más cercano al Nioh original, y personalmente fue el que más utilicé, tanto por gusto como por la sensación de dominio que transmite cuando lo ejecutas correctamente. Cada golpe tiene que ser pensado de una forma casi matemática, la gestión del ki, teniendo que pulsar un botón después de cada sucesión de ataques, es clave para que los enfrentamientos sean satisfactorios.

El estilo ninja, en cambio, introduce una forma de jugar mucho más ágil y dinámica. Es más rápido, más ligero y menos permisivo con los errores. Obliga a moverse constantemente, a reposicionarse y a aprovechar ventanas de oportunidad muy concretas. Jugar como ninja da una sensación clara de libertad, de menor peso, pero también de mayor riesgo. No se trata de aguantar golpes, sino de evitarlos. Aunque podemos utilizarlo como forma de aproximación al sigilo y ejecutar ataques devastadores que nos darán la ventaja en combate.
Lo interesante es que el juego incentiva constantemente el cambio entre estilos. No te casa con uno solo, sino que te empuja a experimentar y a adaptarte según el tipo de enemigo o situación. Una de las mecánicas más interesantes es cómo se aproxima al parry. Tendremos que utilizar el cambio de estilo para poder ejecutarlo en el momento correcto, incentivando aún más esta mecánica. Para la mayoría de jugadores, esta mezcla está muy bien equilibrada y recuerda a lo visto en anteriores Nioh o incluso en otras franquicias de Team Ninja como Wo Long, pero aquí llevada un paso más allá.


Un combate exigente, físico y profundamente técnico
El sistema de combate vuelve a ser una danza entre agresividad y control. El peso de los golpes se siente contundente y muy físico, algo que refuerza enormemente la sensación de impacto en cada enfrentamiento. No hay ataques gratuitos ni animaciones decorativas: cada movimiento tiene consecuencias.
El juego castiga duramente la imprudencia, y lo digo a base de bien, pero también deja claro cuándo el fallo es tuyo. Hay combates que pueden resultar injustos, especialmente en las primeras horas, pero la mayoría de las veces sabes exactamente en qué has fallado y por qué el juego te ha castigado. Esa claridad es clave para que la frustración no se convierta en abandono.
Los jefes siguen siendo uno de los grandes pilares del diseño. El del tutorial, que puede probarse en la demo, sorprende por su dificultad inicial y deja claro desde el primer momento que Nioh 3 no va a bajar el listón. La evolución es la clásica del género: empezar perdido, sentirse superado y, poco a poco, ganar confianza hasta dominar los sistemas a base de paciencia, prueba y error.

Y ni hablar de los jefes opcionales y zonas secretas. Aquellos que buscáis el dolor y sufrimiento lo vais a encontrar de formas que me gustaría explorar por aquí, pero desgraciadamente para vosotros no vais a tener la suerte de ir preparados después de leer este análisis.
Exploración: leer el mundo antes de que te mate
La exploración en Nioh 3 no se limita a avanzar por el mapa en busca del siguiente enfrentamiento. Aquí explorar es, ante todo, interpretar el entorno. Cada escenario está diseñado para incomodar, para generar desconfianza y para obligarte a mirar dos veces antes de dar un paso. ¿Sabéis los míticos trolleos de FromSoftware? Bien. El juego no te empuja hacia delante, ya lo haces tu mismo obedeciendo a sus intereses.
Aunque el título introduce estructuras más abiertas, el diseño sigue siendo profundamente intencional. Los caminos alternativos, los atajos y las zonas aparentemente secundarias no están ahí para rellenar espacio, sino para recompensar al jugador atento. Explorar implica asumir riesgos, porque casi siempre hay algo esperando a que bajes la guardia: una emboscada, un enemigo colocado estratégicamente o una trampa que solo descubres cuando ya es demasiado tarde.
En este sentido, el mundo de Nioh 3 transmite una sensación constante de vida y muerte entrelazadas. No es un escenario decorativo, es un espacio hostil que participa activamente en el combate. Descubrir nuevas áreas no genera solo curiosidad, sino tensión, porque sabes que cada rincón puede convertirse en una amenaza. Es un mundo que está diseñado en base al reto, en base al combate, y en el que a cada rincón esperan jugosas recompensas.
Personalización y equipo
La personalización en Nioh 3 va mucho más allá del creador de personajes. Aunque este ofrece una gran variedad de opciones y permite construir una identidad visual propia, el verdadero corazón del sistema está en la gestión del equipo y los estilos de combate.
Estás cambiando constantemente de armas, armaduras y configuraciones, no porque el juego te obligue, sino porque lo incentiva de forma natural con selecciones automáticas de equipo si así lo queremos. La enorme cantidad de opciones invita a experimentar, a probar combinaciones nuevas y a adaptar tu forma de jugar a cada situación concreta. Con la introducción de los estilos samurái y ninja, este sistema alcanza una profundidad mayor que en entregas anteriores.

El juego premia la flexibilidad. Aferrarte a una sola configuración puede funcionar durante un tiempo, pero Nioh 3 te empuja a replantearte tu equipo cuando las cosas dejan de funcionar. Esa sensación de estar siempre ajustando, afinando y redefiniendo tu forma de jugar es clave para que la experiencia no se estanque. Otra de las implementaciones clave es la posibilidad de equiparnos con bendiciones de espíritus guardianes que nos acompañarán en la aventura y que en la mayoría de casos nos beneficiarán con ventajas pasivas.
En lo personal, aunque fui bastante directo en el creador de personajes, el sistema de equipo y estilos me mantuvo constantemente involucrado. No se trata solo de estadísticas, sino de encontrar una identidad jugable que encaje contigo.

Dificultad y desafío: aprender a base de golpes
La dificultad de Nioh 3 es uno de sus rasgos más definitorios, y también uno de los más divisivos. No es un juego complaciente ni busca serlo. Desde el primer momento deja claro que el error se paga caro, y que avanzar sin entender los sistemas es prácticamente imposible.
Hay combates que resultan especialmente retantes, incluso injustos en apariencia, pero lo interesante es que el juego casi siempre te da las herramientas para entender qué ha salido mal. En otras ocasiones, el castigo es claro y directo: no has leído bien al enemigo, no has gestionado correctamente el ki o has sido demasiado agresivo.

El desafío se construye a partir de esa relación constante entre el jugador y el sistema. Poco a poco, sin apenas darte cuenta, pasas de sentirte superado a sentirte poderoso, no porque el juego se vuelva más fácil, sino porque tú has aprendido a jugar mejor. Es la evolución clásica del género soulslike.
Por todo ello, Nioh 3 no es un título recomendable para quienes no estén habituados a juegos exigentes. Sin embargo, para el jugador veterano, el desafío resulta tremendamente satisfactorio. Cada victoria es fruto de la paciencia, la observación y la perseverancia, y pocas sensaciones igualan la de superar un obstáculo que al principio parecía insalvable.

Apartado técnico
En el plano técnico, Nioh 3 cumple con solvencia en PS5, ofreciendo una experiencia estable durante toda la partida. Opté por jugar en modo rendimiento, y la decisión fue la correcta: el juego mantiene una fluidez constante incluso en los enfrentamientos más caóticos, donde la pantalla se llena de efectos, enemigos y animaciones simultáneas.
No se aprecian caídas de rendimiento significativas ni errores técnicos graves que enturbien la experiencia. Team Ninja demuestra aquí su experiencia trabajando con sistemas de combate exigentes, donde la precisión y la respuesta inmediata son fundamentales. En un juego tan técnico, cualquier fallo en este apartado habría sido letal, y por suerte no es el caso.
La integración del DualSense es correcta, aunque algo tímida. El mando acompaña la acción sin molestar, pero no llega a explotar todas las posibilidades del hardware. Se agradece la respuesta háptica en determinados impactos y acciones, pero queda la sensación de que podría haberse ido un paso más allá para reforzar la fisicidad del combate.
Apartado gráfico y artístico
Gráficamente, Nioh 3 sigue una línea continuista con respecto a la saga. No es un juego que busque deslumbrar por potencia bruta ni por alardes técnicos, y tampoco parece interesado en competir en ese terreno. Como ocurre con muchos títulos de FromSoftware, su fuerza no está en el músculo gráfico, sino en el diseño artístico.
El Japón feudal que presenta el juego está cargado de simbolismo, de contrastes entre vida y muerte, belleza y corrupción. Los escenarios están repletos de detalles que refuerzan la sensación de decadencia, con entornos que parecen haber sido abandonados a su suerte o devorados por lo sobrenatural.

El diseño de enemigos merece una mención especial. Cada yokai, cada criatura, transmite peligro y personalidad, y su apariencia suele anticipar su forma de combatir. Hay una coherencia clara entre lo visual y lo jugable, algo fundamental en un título donde la lectura del enemigo es clave para sobrevivir. En lo personal, es algo muy interesante la forma en la que se conectan jugabilidad y diseño artístico puro.
En conjunto, Nioh 3 es un juego visualmente reconocible, con una dirección artística sólida que prioriza la atmósfera por encima del espectáculo.
Apartado sonoro
El apartado sonoro cumple su función con eficacia y coherencia. La banda sonora no busca protagonismo constante, sino que aparece cuando debe hacerlo, reforzando momentos clave y acompañando la tensión del combate. En muchas ocasiones, el silencio o los sonidos ambientales tienen más peso que la música, aumentando la sensación de peligro y aislamiento.
Los efectos de sonido están muy bien trabajados. El choque de las armas, los gruñidos de los enemigos y los impactos transmiten esa fisicidad tan característica de la saga. El sonido no solo acompaña, sino que informa, ayudando al jugador a anticipar ataques o a reconocer patrones.
En conjunto, el apartado sonoro se integra de forma natural con la experiencia, sin sobresalir de manera artificial, pero siendo esencial para reforzar la atmósfera opresiva del juego.
Conclusión
Nioh 3 es un juego que no pide permiso. Exige tiempo, atención y paciencia, y no está dispuesto a rebajar su propuesta para adaptarse al jugador. A cambio, ofrece una de las experiencias más completas y satisfactorias dentro del género soulslike, especialmente para quienes ya conocen el lenguaje de Team Ninja.
Es el Nioh más ambicioso hasta la fecha, no solo por la cantidad de contenido o por la introducción de nuevas mecánicas, sino por la forma en la que integra todo lo aprendido en entregas anteriores. La dualidad entre samurái y ninja amplía las posibilidades jugables sin romper el equilibrio, y el sistema de combate sigue siendo uno de los más profundos y exigentes del panorama actual.
No es un juego para todo el mundo, y tampoco quiere serlo. Pero para el fan de Nioh y de Team Ninja, Nioh 3 es una obra que refuerza su identidad, una experiencia que castiga, enseña y recompensa a partes iguales. Un juego que duele, pero que engancha. Y, sobre todo, un juego que se queda contigo.
Lo mejor
- El sistema de combate sigue siendo uno de los más técnicos y satisfactorios del género
- El diseño artístico y de escenarios logra transmitir una atmósfera constante de decadencia y peligro
- Se juega muy fluido y es realmente divertido a pesar de su desafío
Lo peor
- La historia, aunque funcional, sigue siendo secundaria
- A nivel gráfico bruto se espera más de un producto de estas características
Nuestra valoración de Nioh 3








