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Clair Obscur: Expedition 33. Herencias pictóricas de un mundo impresionista

Hace un año Sandfall Interactive se lanzó Expedition 33. Uno de los juegos que han cambiado el paradigma en la industria del videojuego. Su calidad, su producción doble A, su transparencia, sus personajes y su gameplay han cautivado a millones de jugadores que hemos podido disfrutar de la aventura de Gustave, Maelle, Verso, etc. Y con todo ello, vamos a celebrarlo hablando de su estética, una que en lo personal me cautiva de sobremanera. Antes de adentrarnos en la Belle Époque o en el impresionismo, hay un concepto que define la esencia misma de Clair Obscur: Expedition 33: el Claroscuro.

¿Qué es el Claroscuro?

Nacido como recurso técnico para modelar volúmenes mediante el contraste de luz y sombra, el claroscuro evolucionó y se consagro mediante uno de sus padres como fue Leonardo Da Vinci, hasta convertirse en una herramienta expresiva capaz de transmitir tensión, dramatismo y ambigüedad. La luz es capaz de revelar, pero también engañar. La sombra oculta, pero también sugiere.

En Expedition 33, esta dualidad no es solo es un principio estético: es estructural. El mundo se presenta como un espacio en constante disolución, donde lo visible nunca es completamente estable y donde cada elemento parece existir en ese delicado equilibrio entre presencia y desaparición.

Desde esa lógica, el juego establece un diálogo directo con la tradición artística francesa del siglo XIX, especialmente con aquella que decidió abandonar la certeza para abrazar la percepción humana.

La Belle Époque: esplendor, modernidad y fragilidad

El universo visual del juego remite claramente a la Belle Époque, una etapa caracterizada por el auge cultural, el desarrollo urbano y una aparente estabilidad social en Francia. París se convierte en el epicentro del arte, con cafés, teatros y bulevares que funcionan como escenarios de una nueva vida moderna. Sin embargo, esa imagen luminosa encierra una contradicción: la Belle Époque es también una época consciente de su fugacidad. Bajo la superficie del progreso, late una sensación de cambio inminente.

Sus escenarios recuerdan a los espacios representados en obras como el Baile en el Moulin de la Galette de Pierre-Auguste Renoir, donde la vida social se muestra como una sucesión de instantes alegres y luminosos. Sin embargo, en el juego, esa vitalidad aparece erosionada: los espacios están fragmentados, los colores parecen apagarse en determinados momentos, y la sensación de permanencia se diluye.

También encontramos ecos de escenas urbanas como el Boulevard montmartre de noche de Pissarro, donde la ciudad se percibe como un flujo continuo de movimiento y luz. En el juego, esta idea se transforma en un entorno que nunca es completamente estable, como si el propio mundo estuviera sujeto a un proceso de desaparición constante.

Impresionismo: captar el instante

El Impresionismo supuso una ruptura radical con la tradición académica al priorizar la percepción sobre la representación exacta. Los impresionistas buscaban capturar el instante, la luz cambiante, la sensación inmediata.

El ejemplo sencillo y que sirve para consagrar el nombre del movimiento es Impresión, sol naciente de Claude Monet, donde el puerto no se define con precisión, sino que emerge a través de pinceladas rápidas y una atmósfera difusa. La obra no describe el paisaje, te da la capacidad de imaginartelo como que sucede en un determinado instante.

Del mismo modo, muestra cómo la luz y el agua transforman la percepción del entorno, haciendo que los elementos pierdan su contorno rígido. Expedition 33 adopta esta misma lógica visual. Los escenarios no son completamente sólidos; los límites entre elementos se diluyen, los colores vibran, y la iluminación modifica constantemente lo que vemos. No se trata de recorrer un espacio fijo, sino de habitar espacios en constante transformación.

Renoir y Aline: una pareja para la historia

Jugar Expedition 33 es un festival de sentimientos y emociones; románticas, familiares y de amistad. Pero estos dos personajes en concreto, Renoir y Aline adquieren un trasfondo muy especial cuando observamos sus contrapartes históricas. Dentro del impresionismo, la figura de Aline Charigot adquiere una relevancia especial. Como modelo y esposa de Renoir, Aline aparece en numerosas obras que capturan momentos cotidianos con una sensibilidad extraordinaria.

En El almuerzo de los remeros, por ejemplo, la escena no gira en torno a un gran acontecimiento, sino a un instante compartido: conversación, descanso, luz filtrándose entre los cuerpos. La composición transmite una sensación de inmediatez, como si el momento pudiera desaparecer en cualquier instante.

Otro ejemplo es Mujer con sombrero, donde el retrato no busca una definición exacta, sino capturar la presencia a través de la luz y el color. En Expedition 33, esta idea se traslada a la construcción de sus personajes y relaciones. En un mundo donde la desaparición es inevitable, cada interacción adquiere un valor distinto. No se trata de grandes gestos heroicos, sino de pequeños momentos compartidos. Como en los cuadros de Renoir, lo cotidiano se convierte en extraordinario precisamente porque es efímero. Una de las principales filosofías del juego.

Más allá del impresionismo

Aunque el impresionismo es la base, el juego también dialoga con movimientos posteriores. El Postimpresionismo introduce una dimensión más subjetiva. En obras como La noche estrellada de Vincent van Gogh, el paisaje deja de ser una representación para convertirse en una expresión emocional. El color y la forma se deforman para transmitir una experiencia interior.

En el juego, esta influencia se percibe en ciertos escenarios donde la lógica visual se rompe, dando paso a composiciones más expresivas y menos realistas. Por otro lado, el Simbolismo introduce una dimensión más abstracta. Obras como La aparición de Gustave Moreau muestran figuras cargadas de significado, donde lo visible es solo una parte del mensaje.

Esta influencia se traduce en el juego en la presencia de elementos que no se explican del todo, pero que generan una fuerte carga interpretativa. Los diferentes paisajes, seres del mundo pintado, toda la creación de Verso y su familia está cargada por un fuerte lazo simbólico que busca a cada trazo que le demos un valor particular en su conjunto.

Conclusión: la huella de lo efímero

Clair Obscur: Expedition 33 no se limita a dialogar con la historia del arte: la asimila hasta convertirla en experiencia. En un medio que durante años ha perseguido la nitidez, la estabilidad y el control absoluto de la imagen, el juego propone justo lo contrario: abrazar lo inestable, lo cambiante, lo que nunca termina de fijarse.

Desde el uso conceptual del Claroscuro hasta la sensibilidad del Impresionismo, pasando por las derivas emocionales del Postimpresionismo y la carga simbólica del Simbolismo, la obra construye un lenguaje que no busca representar el mundo, sino capturar cómo se siente cuando está a punto de desaparecer. Y es ahí donde reside su mayor logro.

Porque Expedition 33 no pretende que recordemos sus escenarios con precisión, ni siquiera que reconstruyamos su mundo con claridad. Lo que busca es algo mucho más complejo: que lo recordemos como se recuerda un cuadro impresionista. Difuso. Fragmentado. Luminoso.

Pedro A.

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Historiador, amante del cine, de los gatos y de los murciélagos que protegen la ciudad gótica. Videojugador desde chiquitito, si quieres conquistarme, tu dame un buen personaje y una buena historia y me tendrás en la palma de tu mano.

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