Opinión

Assassin’s Creed: ¿Qué nos queda de su esencia original?

Cuanto mayor es la luz, mayor suele ser también la sombra que proyecta, y pocas sagas consiguen mantenerse siempre al nivel que se espera de ellas. Assassin’s Creed es una de esas franquicias longevas que, aunque pueda no parecerlo en comparación con otras, marcó a toda una generación de jugadores. A lo largo de los años ha intentado renovarse con cada entrega para seguir creciendo y atraer a nuevos jugadores. Sin embargo, en ese proceso quizá haya ido perdiendo parte de aquello que los fans más veteranos identificaron en sus inicios y que hizo que la saga destacara tanto en su momento.

Un estreno realmente increíble

La saga Assassin’s Creed nació con una idea que, sobre el papel, podía parecer sencilla, pero que estaba muy bien definida. Desde el primer juego quedó claro que no se trataba solo de viajar al pasado, sino de contar una historia concreta dentro de él. El conflicto entre asesinos y templarios daba sentido a todo y servía como base para hablar de control, libertad y memoria.

Avanzábamos con una sensación clara de propósito, siguiendo una historia que se tomaba su tiempo para presentarse y desarrollarse sin prisas. Y aunque hoy en día su jugabilidad pueda parecer algo tosca y repetitiva, en su momento fue todo un bombazo y una experiencia muy gratificante, sin que nadie imaginara hasta qué punto acabaría creciendo y convirtiéndose en una franquicia de enorme peso dentro de la industria.

¿Alguien esperaba realmente una continuación? De entrada, lo más probable es que la respuesta sea no. Sin embargo, tras el éxito del primer juego, una nueva entrega era casi inevitable. El verdadero reto estaba en estar a la altura, algo que nunca es sencillo. Las segundas partes suelen ser una apuesta arriesgada, capaces tanto de hundir una nueva IP como de darle el empujón definitivo que necesita para consolidarse.

La trilogía insuperable

Ezio Auditore da Firenze se convirtió en el nuevo protagonista de la franquicia y superó todas las expectativas. Con él, la saga alcanzó un equilibrio muy sólido, manteniendo la esencia del sigilo pero ofreciendo al mismo tiempo mucha más libertad. La jugabilidad era más variada, flexible y dinámica de lo que muchos esperaban, y todo ello se apoyaba en una ambientación muy cuidada que invitaba constantemente a perderse y explorar cada rincón del mundo.

La narrativa también dio un salto importante. Por primera vez se sentía una continuidad clara y bien construida, y Ezio vivía una evolución creíble a lo largo del tiempo. Comenzaba movido por una tragedia personal, casi impulsado por la rabia y la venganza, y poco a poco acababa enfrentándose a algo mucho más grande que él. Ese cambio no se forzaba, se iba desarrollando de manera natural, y el jugador lo vivía junto a él paso a paso.

Desde 2009 hasta su cierre en 2011, acompañamos a Ezio en un viaje completo que dio forma a una trilogía muy especial. Una trilogía que todavía hoy muchos consideran la mejor etapa de Assassin’s Creed. Para no pocos jugadores veteranos, este era el punto perfecto donde la franquicia debía haber cerrado su historia principal. Sin embargo, no fue así, y a partir de ahí la saga tomó otros caminos muy distintos.

Los años venideros

La trilogía de Ezio dejó el listón muy alto, y la siguiente entrega tenía por delante una tarea complicada: igualar, o incluso superar, lo que se había construido durante tres juegos consecutivos. Era un reto enorme y, quizá, demasiado ambicioso. En 2012 llegó la que se consideraba la “tercera” entrega numerada de la franquicia, con un nuevo protagonista y una ambientación que, sobre el papel, resultaba muy atractiva: la Guerra de Independencia estadounidense, alrededor de 1750.

Todo parecía encajar. Las cartas estaban sobre la mesa y solo quedaba ver cómo salía la jugada. Sin embargo, el resultado no fue el que muchos esperaban. El nuevo protagonista no terminó de conectar, la historia iba perdiendo fuerza conforme avanzaba la trama y varias de sus mecánicas no acababan de sentirse satisfactorias. Aunque tenía buenas ideas, el conjunto se quedaba a medio camino, y para una gran parte de los jugadores esta entrega sigue siendo una de las más decepcionantes de toda la saga.

¿Supuso esto el final de Assassin’s Creed? En absoluto. De hecho, pocos esperaban que la franquicia volviera a brillar a corto plazo, pero para sorpresa de muchos, Assassin’s Creed IV: Black Flag, lanzado al año siguiente, dio un giro inesperado a la percepción general. El juego fue un éxito claro. Su ambientación pirata funcionaba de maravilla, las mecánicas navales eran divertidas y estaban bien integradas, y el protagonista tenía personalidad y carisma, algo que ayudaba mucho a que la historia resultara más cercana y atractiva. Black Flag no solo recuperó la confianza de parte del público, sino que demostró que la saga todavía tenía mucho que ofrecer si encontraba el enfoque adecuado.

Simuladores de época

Con el paso de los años, la dirección de Assassin’s Creed empezó a cambiar de forma gradual. A partir de 2017, con Assassin’s Creed Origins, el foco se desplazó claramente hacia la escala. Los mapas crecieron de manera notable, los sistemas se multiplicaron y el componente de rol empezó a tener un peso cada vez mayor. El pasado y su recreación se convirtieron en el gran reclamo, mientras que la historia principal quedaba repartida entre una enorme cantidad de misiones. Todo estaba ahí, pero no siempre bien conectado, y el avance narrativo perdía intensidad.

Este planteamiento se acentuó todavía más en Assassin’s Creed Odyssey y Assassin’s Creed Valhalla. Ambos títulos ofrecen mundos enormes y muy detallados, con una recreación histórica impresionante. Sin embargo, la narrativa principal suele diluirse entre horas de exploración, encargos secundarios y actividades opcionales. El credo de los asesinos y el conflicto que definió a la saga pasan a un segundo plano, y es posible avanzar durante muchas horas sin sentir un vínculo fuerte con lo que realmente está ocurriendo en la historia.

¿Qué será de la franquicia?

Hoy Assassin’s Creed se percibe más como una gran recreación histórica jugable que como una historia centrada en sus personajes. Recorrer estos mundos sigue siendo atractivo y espectacular, pero no siempre logra emocionar como antes. Tal vez el camino para recuperar su esencia pase por reducir la escala y volver a poner el foco en las historias personales, en los conflictos internos y en aquello que hizo que la saga conectara con tanta gente desde sus inicios.

Rulernakano

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Amante de los juegos de Rol en general, crecí con un mando en la mano y desde entonces nunca lo he soltado.

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