Los juegos de gestión siempre han tenido esa capacidad casi hipnótica de convertir el estrés en diversión. Organizar recursos, construir instalaciones y mantener funcionando una maquinaria que amenaza con derrumbarse a cada segundo es una fórmula que lleva años atrapando a millones de jugadores. One Military Camp recoge precisamente esa esencia, pero decide hacerlo desde un enfoque mucho más desenfadado y caricaturesco. Lo nuevo de Abylight Studios llega a Nintendo Switch 2 con una propuesta que mezcla estrategia, simulación y humor absurdo en un escenario tan caótico como divertido: levantar y gestionar un campamento militar capaz de sobrevivir a cualquier desastre imaginable.
Lejos de apostar por el realismo bélico, el juego abraza constantemente la sátira y las situaciones ridículas, recordando por momentos a clásicos como Theme Hospital o Two Point Hospital. Aquí no se trata únicamente de entrenar soldados, sino de lidiar con reclutas incompetentes, instalaciones defectuosas y decisiones imposibles mientras el campamento crece poco a poco hasta convertirse en una auténtica base de operaciones. Todo ello acompañado de una estética colorida, personajes exagerados y un tono ligero que consigue que incluso los momentos más caóticos terminen sacándonos una sonrisa.

Fecha de salida: 28 de mayo de 2026
Desarrolladora: Abylight Studios
Distribuidora: Abylight Studios
Plataformas disponibles: PC, Nintendo Switch, PlayStation 5, Xbox Series X|S
Textos: Español
Voces: –
Plataforma analizada: Nintendo Switch 2
Historia: Una guerra ridícula que sirve como excusa perfecta

La historia de One Military Camp no pretende reinventar nada, pero tampoco lo necesita. El juego nos coloca en un mundo donde un villano megalómano llamado Dragan ha conquistado prácticamente todo el territorio conocido. La última esperanza de resistencia se encuentra en un viejo campamento militar abandonado que deberá volver a la vida bajo nuestro mando. A partir de ahí comienza una campaña donde nuestro objetivo no es solo entrenar soldados, sino reconstruir toda una maquinaria militar capaz de plantar cara al enemigo.
Lo mejor del planteamiento es cómo abraza constantemente el humor absurdo. One Military Camp sabe que su premisa es exagerada y juega con ello continuamente. Los diálogos están llenos de situaciones disparatadas, personajes incompetentes y bromas visuales que convierten cada misión en algo mucho más ligero de lo que cabría esperar en un juego ambientado en conflictos militares. Hay espías torpes, drones saboteadores, reclutas inútiles y oficiales que parecen salidos de una parodia ochentera.

Ese tono desenfadado ayuda muchísimo a que la campaña tenga ritmo. Porque, siendo honestos, muchos juegos de gestión terminan cayendo en la monotonía narrativa: objetivos, recursos, expansión y poco más. Aquí, aunque la estructura sigue siendo la habitual del género, el juego intenta mantener constantemente una sonrisa en la cara del jugador. Incluso las propias misiones están planteadas con un enfoque casi caricaturesco, donde el dramatismo queda sustituido por la sátira y el humor visual.
Además, el juego introduce pequeños héroes y personajes especiales que aportan ventajas únicas al campamento, reforzando esa sensación de estar liderando una resistencia improvisada y extravagante. No es una historia profunda ni especialmente compleja, pero sí una que entiende perfectamente el tono que quiere transmitir y que nunca pierde de vista su objetivo principal: divertir mientras gestionamos el caos.
Jugabilidad: Construyendo el caos perfecto
Si algo consigue One Military Camp desde sus primeros compases es transmitir esa sensación de estar constantemente con mil ojos. El juego no tarda en enseñarnos que dirigir una base militar implica mucho más que construir barracones y entrenar soldados. Aquí todo está conectado: la moral de los reclutas, el descanso, la alimentación, la energía del campamento, la limpieza, la economía y hasta la distribución de los edificios terminan afectando directamente al rendimiento general de nuestra base. Y precisamente ahí reside gran parte de su atractivo.

La fórmula recuerda inevitablemente a los grandes referentes del género, pero One Military Camp consigue encontrar su propia personalidad gracias al ritmo de sus misiones y al tono humorístico que impregna absolutamente todo. Siempre hay algo que mejorar, optimizar o reparar, y el juego sabe mantener al jugador ocupado de forma constante sin llegar a resultar abrumador durante las primeras horas. Poco a poco introduce nuevas mecánicas, edificios y sistemas de administración que terminan convirtiendo el campamento en un auténtico rompecabezas estratégico.
Construcción y gestión del campamento
La base de toda la experiencia gira alrededor de la construcción del campamento. Comenzamos con unas instalaciones prácticamente destruidas y un puñado de recursos limitados, pero poco a poco iremos levantando dormitorios, gimnasios, cocinas, centros de entrenamiento, hangares, laboratorios y todo tipo de estructuras necesarias para mantener el funcionamiento de la base.

El juego obliga constantemente a pensar en la distribución del espacio. No basta simplemente con colocar edificios sin orden; la eficiencia importa muchísimo. Tener ciertas instalaciones demasiado alejadas provoca pérdidas de tiempo, agotamiento en los reclutas y una menor productividad general. Esa sensación de optimización permanente termina convirtiéndose en una de las partes más adictivas de la experiencia. Un ejemplo práctico es la gestión eléctrica y su posicionamiento, deberemos apostar por centrales eléctricas eficientes así como una red que comunique eficientemente todo el territorio.
Además, One Military Camp introduce numerosos biomas y escenarios con características propias. Hay mapas donde la electricidad escasea, otros donde los recursos económicos son limitados y algunos donde las condiciones ambientales complican enormemente la expansión del campamento. Esto evita que la campaña caiga rápidamente en la repetición y obliga al jugador a adaptar continuamente su estrategia.
Reclutas, entrenamiento y especialización
Uno de los aspectos más interesantes del juego es la gestión de los propios soldados. Los reclutas no son simples números; cada uno posee estadísticas concretas, fortalezas, debilidades y especializaciones determinadas. Algunos destacan en combate físico, otros son más útiles en tareas técnicas y ciertos personajes funcionan mejor en labores científicas o de espionaje.

Entrenar correctamente a cada unidad resulta fundamental para el progreso. El juego permite especializar soldados en diferentes ramas militares, desbloqueando nuevas habilidades y posibilidades tácticas. Esa evolución constante genera una sensación de crecimiento muy satisfactoria, especialmente cuando comenzamos a formar unidades realmente eficientes capaces de afrontar las misiones más exigentes. Tendremos espías, expertos en comunicaciones o agentes de campo dispuestos a darlo todo en combate.
Pero claro, también estamos dirigiendo una base llena de incompetentes potenciales. Y ahí entra el humor del juego. No es raro encontrarse reclutas agotados, soldados incapaces de completar ejercicios básicos o personajes que generan auténticos desastres dentro del campamento. Todo ello aporta muchísima personalidad y evita que la gestión se vuelva demasiado fría o automatizada.
Economía, recursos y toma de decisiones
Aunque el tono sea ligero, One Military Camp es bastante más profundo de lo que aparenta en un primer momento. La administración económica tiene muchísimo peso y constantemente debemos equilibrar ingresos, gastos, mantenimiento y expansión. Construir demasiado rápido puede llevarnos a una crisis financiera, mientras que avanzar lentamente puede provocar que nuestras tropas queden completamente desactualizadas.
El juego funciona muy bien cuando nos obliga a priorizar. ¿Invertimos en mejorar el descanso de los soldados? ¿Aumentamos la capacidad energética? ¿Creamos nuevas instalaciones de entrenamiento? ¿O ahorramos recursos para futuras amenazas? Esa cadena continua de decisiones mantiene la experiencia viva durante toda la campaña.
También hay una progresión constante mediante investigaciones, mejoras y desbloqueos que amplían considerablemente las posibilidades jugables. Cuanto más avanzamos, más compleja se vuelve la administración del campamento, y ahí es donde el juego realmente muestra su mejor cara para los amantes de la estrategia.
Personalización y diseño de la base
Otro de los aspectos más agradecidos de One Military Camp es la libertad que ofrece a la hora de diseñar y personalizar el campamento. Aunque la eficiencia termina siendo fundamental para el progreso, el juego también deja espacio para que cada jugador construya una base con cierta identidad propia. No estamos únicamente colocando edificios por necesidad; poco a poco vamos moldeando un auténtico complejo militar que refleja nuestra forma de jugar y organizar el espacio.

Además, el juego introduce elementos decorativos y pequeñas opciones de personalización estética que ayudan a romper la monotonía visual. Puede parecer un detalle menor dentro de un simulador de gestión, pero termina teniendo bastante importancia, especialmente en partidas largas donde pasamos horas observando el crecimiento del campamento. Ver soldados moviéndose entre instalaciones perfectamente organizadas y zonas decoradas aporta una sensación constante de progreso.
También resulta interesante cómo la personalización afecta indirectamente a la jugabilidad. Una mala distribución puede provocar recorridos innecesarios, pérdidas de eficiencia o problemas logísticos, mientras que una base bien diseñada mejora notablemente el rendimiento general.
Adaptación a Nintendo Switch 2
Uno de los mayores retos de cualquier juego de gestión en consola siempre ha sido el control, y One Military Camp logra adaptarse sorprendentemente bien a Nintendo Switch 2. El sistema de menús resulta bastante intuitivo y el uso de los Joy-Con en su modo ratón facilita enormemente la navegación entre edificios, rutas y opciones de construcción.
El juego mantiene un ritmo cómodo tanto en portátil como en sobremesa, algo especialmente importante en un título donde pasamos largos periodos organizando el campamento y revisando estadísticas constantemente. Además, la interfaz ha sido claramente ajustada para que la enorme cantidad de información en pantalla no termine resultando caótica en sesiones portátiles. El problema, si es que hay alguno en este sentido es que en el modo portátil el tamaño de la fuente es realmente pequeño y los ajustes de accesibilidad no son muy generosos.
Puede que siga existiendo cierta curva de adaptación inicial, algo prácticamente inevitable en el género, pero una vez interiorizamos los controles, la experiencia resulta sorprendentemente fluida para tratarse de un simulador de gestión tan cargado de sistemas y variables.

Apartado técnico
En el terreno técnico, One Military Camp ofrece un rendimiento bastante sólido en Nintendo Switch 2, algo especialmente importante dentro de un género donde la estabilidad termina siendo clave para disfrutar de la experiencia. El juego mueve una enorme cantidad de elementos en pantalla de forma simultánea, soldados, vehículos, animaciones, edificios y múltiples sistemas funcionando al mismo tiempo y, aun así, mantiene una fluidez muy estable durante la mayor parte de la partida. Incluso cuando el campamento alcanza dimensiones considerables y el caos empieza a apoderarse de la gestión, la experiencia continúa siendo cómoda tanto en modo portátil como en sobremesa.
La interfaz también merece una mención positiva. Adaptar un simulador de gestión tan cargado de menús y estadísticas a consola nunca es sencillo, pero el trabajo realizado aquí resulta bastante competente a pesar, como digo, de la falta de opciones de accesibilidad. La navegación entre edificios y sistemas termina siendo intuitiva tras las primeras horas, y el uso de los controles en Nintendo Switch 2 se siente mucho más natural de lo que cabría esperar en un título de este estilo.
Apartado gráfico y artístico
A nivel visual, One Military Camp apuesta por un estilo claramente caricaturesco que encaja a la perfección con su tono humorístico. No busca realismo en ningún momento, sino legibilidad, personalidad y una estética amable que suavice la temática militar. Los modelos de los personajes, exagerados y expresivos, refuerzan constantemente esa sensación de sátira ligera, mientras que los escenarios presentan una construcción limpia, colorida y fácilmente reconocible incluso cuando el campamento alcanza un alto nivel de complejidad.

El diseño artístico destaca especialmente en la forma en la que representa el crecimiento de la base. Ver cómo un terreno vacío se va transformando en una instalación militar completamente funcional resulta visualmente satisfactorio gracias a una buena lectura del espacio. Cada edificio tiene una identidad visual propia, lo que facilita la comprensión del conjunto incluso en fases avanzadas donde la pantalla se llena de actividad constante. No estamos ante un juego especialmente puntero en lo técnico a nivel gráfico, pero sí ante uno coherente, funcional y con una dirección artística muy bien alineada con su propuesta jugable.
Apartado sonoro
El apartado sonoro cumple con solvencia y refuerza bien el tono desenfadado del juego. La banda sonora acompaña la gestión sin buscar protagonismo excesivo, apostando por melodías ligeras, militares pero irónicas, que ayudan a mantener ese equilibrio entre estrategia y comedia. No es una música que pretenda quedarse grabada en la memoria, pero sí consigue evitar la monotonía durante las largas sesiones de gestión, algo clave en este tipo de títulos.
Los efectos de sonido, por su parte, aportan bastante personalidad al conjunto. Desde las órdenes de los instructores hasta los ruidos del campamento en funcionamiento, todo contribuye a dar vida a la base. Especialmente destacable es cómo el sonido refuerza el caos progresivo cuando el campamento crece: múltiples acciones simultáneas, avisos, animaciones y reacciones de los reclutas generan una sensación constante de actividad que encaja muy bien con la propuesta jugable.
Conclusión
One Military Camp es uno de esos juegos que entienden perfectamente qué quieren ser y, sobre todo, qué tono quieren transmitir. No intenta competir con los simuladores de gestión más complejos del mercado ni tampoco aspira a ofrecer un realismo militar profundo. Su objetivo es otro: convertir la administración de una base en una experiencia divertida, caótica y constantemente ligera, apoyada en un humor que funciona como hilo conductor de toda la propuesta.
En Nintendo Switch 2, la experiencia se siente especialmente cómoda dentro de lo que exige el género en consola, con una adaptación sólida de controles y un rendimiento estable incluso en las fases más avanzadas. Es cierto que no reinventa la rueda ni pretende ser un referente técnico, pero sí consigue algo igual de importante: enganchar gracias a su progresión constante, su personalidad visual y su capacidad para mantener siempre al jugador ocupado. Es un título que brilla más por su conjunto que por un elemento concreto.
Lo mejor
- Su tono humorístico constante
- La progresión del campamento
- La variedad de sistemas de gestión
- La buena adaptación a Nintendo Switch 2
Lo peor
- Puede resultar algo abrumador en los primeros compases por la cantidad de sistemas que introduce
- Pocas funciones de accesibilidad
Nuestra valoración de One Military Camp








