Opinión

Stranded Kids, reviviendo el pasado en Game Boy Color

Game Boy Color es considerada por muchos como una de las mejores consolas portátiles que han existido. Esta pequeña consola, perteneciente a la quinta generación de la familia Nintendo Game Boy, nos dejó un catálogo increíble de experiencias que, por desgracia, a día de hoy han caído en el olvido. Uno de esos títulos es Stranded Kids, que quizá os suene por el lanzamiento del juego que lleva el mismo nombre el pasado 5 de junio de 2025, ya que se trata de un reinicio de esta mítica entrega de Konami. Pero hoy no os hablaremos de ese, sino del original lanzado en 1999. Actualmente, Nintendo Switch Online ofrece el juego, que se incluyó en el catálogo de clásicos de Game Boy en mayo de 2025.

Una aventura inesperada

Actualmente tenemos en el mercado una amplia variedad de títulos de supervivencia, tantos que podríamos pasar años mencionándolos uno a uno. Sin embargo, por aquella época no eran tan comunes en este tipo de consolas, y este juego resultaba especialmente completo para su tiempo. Para empezar, nos permitía escoger entre dos protagonistas, uno masculino y otro femenino, con la opción de cambiar el nombre, algo que hacía que la experiencia se sintiera más personal y cercana.

La trama era sencilla pero efectiva. Viajábamos con nuestro padre y nuestra hermana para celebrar nuestro décimo cumpleaños, con un bonito regalo incluido. Nuestro padre había sido aventurero y quería que siguiéramos ese mismo espíritu, por lo que nos regaló a cada uno un cuchillo, una herramienta que, sin saberlo, nos sería muy útil en el futuro.

Lo que ocurre a continuación ya puedes imaginarlo, una enorme ola vuelca nuestro barco al más puro estilo Titanic, y naufragamos en una isla que podría convertirse en nuestra tumba. Esa sensación de vulnerabilidad desde el primer momento era uno de los puntos fuertes del juego, no necesitaba gráficos espectaculares ni cinemáticas complejas para transmitir tensión. Solo nosotros, la isla y la lucha por sobrevivir.

Pura supervivencia en pixel art

Desde los primeros momentos se nos dejaba claro que lo íbamos a pasar mal, ya que el juego estaba muy bien pensado para quienes buscaban una auténtica experiencia de supervivencia. Contábamos con una mochila para recoger objetos, nuestro cuchillo, una cerilla, una radio que no funcionaba y una cantimplora. Era todo lo que teníamos para sobrevivir. A partir de ahí, tocaba explorar e ir descubriendo poco a poco qué cosas podíamos hacer. El juego te inculcaba una mentalidad de cuidado constante, qué comer, cómo comerlo y cómo preparar todo lo necesario para no morir de sed o de hambre.

Obviamente, al permitirnos recolectar materiales, tenían que servir para algo, ¿verdad? Efectivamente, había un pequeño sistema de crafteo basado en la fusión de objetos, que nos permitía fabricar herramientas o mejorar nuestro refugio. Incluso la exploración estaba condicionada por el ciclo de día y noche. Al caer el sol, prácticamente no se veía nada al tener una visión más reducida del entorno y era imposible salir a explorar por los animales salvajes que podían atacarnos, lo que nos obligaba a volver a nuestra base.

Siempre había que buscar comida, ya que nuestro personaje moría si permitíamos que bajara su porcentaje de hambre. Lo mismo ocurría con el agua, y a medida que explorábamos aumentaba la fatiga, por lo que había que cuidar nuestra energía y planificar el día como si realmente estuviéramos perdidos en una isla desierta. Tampoco había una forma clara de orientarse, más allá de tu propia visión y memoria para recordar las zonas por las que ibas entrando. Los escenarios eran algo amplios e interconectados, lo cual resultaba increíble para la época.

Una pequeña gran experiencia

Quizás pueda parecer un juego sencillo a primera vista, pero estaba tan bien planteado y equilibrado que te invitaba a avanzar a un ritmo pausado, disfrutando de cada momento y metiéndote por completo en el papel de esos niños perdidos en una isla desierta.

Cada día que pasabas explorando sus rincones, recolectando recursos y mejorando tu vida en la isla se convertía en una pequeña aventura en sí misma. La sensación de descubrir nuevos objetos, combinarlos para crear herramientas y construir elementos que facilitaban tu día a día era increíblemente satisfactoria. Ver cómo, poco a poco, lograbas avances y mejoras te daba una sensación de logro que pocas veces se experimenta en juegos de esa época

Este juego es, sin duda, una de las innumerables joyas que ha tenido la consola, y sobre las que poco a poco iremos escribiendo y recordando con cariño. Ahora nos gustaría saber… ¿Conocíais este juego? ¿Alguna vez os habéis perdido entre sus rincones y vivido vuestras propias aventuras en la isla?

Rulernakano

About Author

Amante de los juegos de Rol en general, crecí con un mando en la mano y desde entonces nunca lo he soltado.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Puede que también te interese

Mi experiencia en God of War Ragnarok
Artículos Opinión

Mi experiencia en God of War Ragnarok

Muy buenos días, tardes o noches dependiendo de cuándo leáis estas líneas. Hoy me dirijo a vosotros para explicaros cual
¿Qué es Boosteroid? La alternativa a Geforce Now o Game pass para jugar en la nube
Opinión

¿Qué es Boosteroid? La alternativa a Geforce Now o Game pass para jugar en la nube

Siempre hemos jugado a videojuegos de la misma manera: encendemos la consola u ordenador, introducimos un juego (esto ya no