Análisis

Valor Mortis: Cuando la muerte es solo el principio

Hay guerras que terminan cuando los soldados dejan de luchar y otras que parecen condenadas a prolongarse incluso después de la muerte. Valor Mortis parte de una premisa tan inquietante como atractiva. ¿Qué ocurriría si la Europa de las guerras napoleónicas se convirtiera en una pesadilla sobrenatural donde los campos de batalla estuvieran poblados por criaturas monstruosas y los antiguos compañeros de armas se transformaran en nuestros peores enemigos? El resultado es una aventura de acción en primera persona que mezcla historia alternativa, terror y combates exigentes, con una personalidad visual que busca diferenciarse dentro de un género que cada vez cuenta con más propuestas.

Desarrollado por One More Level, el estudio responsable de Ghostrunner, Valor Mortis apuesta por trasladar algunas de las sensaciones propias de los soulslike a una perspectiva menos habitual en este tipo de experiencias. Aquí no contemplamos los enfrentamientos desde fuera: tenemos a los enemigos delante de nuestras narices, sentimos cada golpe mucho más cerca y debemos aprender a medir nuestros movimientos para sobrevivir. Su ambientación napoleónica tampoco es un simple decorado. La guerra, la corrupción y una misteriosa plaga construyen un mundo en el que la violencia humana se mezcla con algo mucho más oscuro.

Fecha de salida: 13 de octubre de 2026
Desarrolladora:
One More Level
Distribuidora:
Lyrical Games
Plataformas disponibles: PC, PlayStation 5, Xbox Series X|S
Textos: Español
Voces: Inglés
Plataforma analizada: PlayStation 5

Historia: Una Europa condenada a la oscuridad

La historia nos pone en la piel de William, un soldado de Napoleón que despierta de nuevo tras morir en el campo de batalla. Sin embargo, el mundo por el que entregó su vida ha cambiado por completo. Una plaga misteriosa se ha extendido por Europa y ha corrompido tanto a sus habitantes como a los escenarios de una guerra que parece no tener fin. William también lleva esa corrupción dentro de sí, una circunstancia que le concede poderes extraordinarios, pero que convierte su propia resurrección en uno de los grandes misterios de la aventura.

A partir de ahí, nuestra misión consiste en sobrevivir a los horrores que pueblan esta versión alternativa del siglo XIX y descubrir qué hay detrás de la plaga, de nuestra vuelta a la vida y de la conspiración que amenaza a la humanidad. Entre los enemigos destacan las abominaciones vinculadas a la Guardia Eterna de Napoleón, una fuerza que transforma el conflicto militar en una auténtica pesadilla. La presencia del emperador y el uso de acontecimientos y figuras históricas como base para la ficción le dan al conjunto un punto de partida muy interesante, especialmente porque no busca recrear fielmente las campañas napoleónicas, sino retorcerlas hasta convertirlas en algo grotesco y sobrenatural.

Desearías haber muerto

La clave de esta premisa está en cómo William se relaciona con aquello que intenta destruirlo. Su resurrección no es únicamente una excusa para justificar que podamos volver a levantarnos después de fracasar: también conecta directamente con el sistema de combate y con el poder corrupto que recorre sus venas. Esa unión entre narrativa y jugabilidad encaja especialmente bien con el tono de la aventura, porque sobrevivir significa aceptar que el protagonista forma parte del mismo horror contra el que lucha.

Y es precisamente ahí donde Valor Mortis despierta nuestra curiosidad. Su mundo combina la brutalidad de la guerra con una fantasía oscura que transforma lugares reconocibles en escenarios hostiles, mientras nos invita a desentrañar sus secretos poco a poco. Después de comprobar hasta qué punto consigue desarrollar todos estos elementos sin quedarse únicamente en una ambientación llamativa. Se puede afirmar que tiene suficiente fuerza para captar la atención de quienes disfrutan de las historias donde la muerte no representa un final, sino el comienzo de algo todavía peor.

Jugabilidad: Sobrevivir a una pesadilla a golpe de acero

Uno de los aspectos que más personalidad le da a Valor Mortis es su apuesta por un sistema de combate en primera persona. Este combate no se limita a poner enemigos delante de nosotros para que descarguemos nuestros ataques sin demasiado miramiento. Aquí es importante observar, medir los tiempos y encontrar el momento adecuado para pasar a la ofensiva. La perspectiva hace que los enfrentamientos se sientan especialmente cercanos, pero también exige acostumbrarse a una manera distinta de leer los movimientos de los adversarios. No basta con tener buenos reflejos: necesitamos comprender qué tenemos delante y cómo podemos responder a cada amenaza.

Esta vertiente más táctica encaja bien con la naturaleza exigente de la aventura. Los combates invitan a actuar con cabeza, alternando la defensa y el ataque en lugar de lanzarnos constantemente a por nuestros enemigos. Es una filosofía que puede resultar muy satisfactoria cuando conseguimos dominarla, porque la victoria depende tanto de nuestra habilidad como de nuestra capacidad para aprender de los errores. Eso sí, el movimiento tiene un peso algo más marcado de lo que cabría esperar en un juego de acción en primera persona. La sensación es menos ligera y ágil que en otras propuestas como Ghostrunner, por lo que acostumbrarse al control y encontrar el ritmo adecuado resulta fundamental para que los enfrentamientos fluyan como deberían.

Armas y poderes: acero frente a corrupción

Valor Mortis combina el combate con armas cuerpo a cuerpo y las habilidades sobrenaturales que obtiene su protagonista a través de la corrupción. Esta mezcla ofrece distintas herramientas para afrontar los enfrentamientos y evita que toda la experiencia dependa exclusivamente de golpear con nuestra arma. La clave está en entender qué aporta cada recurso y aprovecharlo cuando la situación lo requiere, especialmente cuando nos encontramos rodeados de enemigos o necesitamos cambiar de estrategia para superar un encuentro complicado. Encontramos desde diferentes tipos de espadas como sables y roperas hasta pistolas de largo alcance o escopetas de una sola mano devastadoras en cuanto a daño.

Los poderes de corrupción funcionan, sobre todo, como un complemento del combate tradicional. No desplazan a las armas del centro de la experiencia, sino que añaden una alternativa con la que ampliar nuestras posibilidades. Encontramos hechizos de fuego o algunos que nos permiten parar a los enemigos en el sitio o que incluso nos sirven para superar puzles en el escenario. Me parece una decisión interesante desde el punto de vista del diseño, porque permite que el enfrentamiento conserve su componente físico y táctico sin renunciar a la dimensión sobrenatural que define el universo del juego. La corrupción no es únicamente un elemento narrativo ligado a la resurrección de William: también forma parte de su identidad como combatiente, aunque el verdadero reto está en saber integrar estas habilidades en nuestra manera de jugar.

Exploración: una Europa que invita a desviarse del camino

La exploración ocupa un lugar importante en Valor Mortis, y agradezco que no se limite a servir de transición entre un combate y el siguiente. El avance combina el recorrido por los escenarios principales con la posibilidad de investigar los alrededores y descubrir rutas o elementos que pueden pasar desapercibidos si nos centramos únicamente en llegar al siguiente objetivo. Esta estructura ayuda a que el mundo tenga algo más de vida y nos anima a prestar atención a lo que nos rodea, algo especialmente apropiado para una aventura que transforma la Europa napoleónica en un territorio dominado por la corrupción y las criaturas sobrenaturales.

El equilibrio entre avanzar y explorar resulta importante para mantener el ritmo. Si nos detenemos a observar el escenario, podemos disfrutar de su ambientación y encontrar motivos para no seguir siempre el camino más evidente; si preferimos centrarnos en la acción, el combate continúa siendo uno de los principales motores de la experiencia. Esa combinación permite que la aventura respire entre enfrentamientos y evita que todo dependa de encadenar peleas sin descanso. Además, explorar un mundo tan hostil tiene un atractivo particular: nunca estamos del todo seguros de lo que podemos encontrar a la vuelta de la esquina, y esa incertidumbre contribuye a mantener la tensión.

Backtracking y misiones secundarias

Al conjunto debemos añadir zonas con unas secciones de plataformas que aunque no son muy originales son cumplidoras; permiten dar cierto dinamismo al conjunto jugable. El backtracking está muy presente en la aventura con la posibilidad de encontrar nuevos caminos y formas de avanzar para hallar poderosos enemigos o materiales, además de misiones secundarias.

Estas misiones secundarias no están muy desarrolladas y se limitan a encontrar ciertos objetos o cartas con las que conseguir algo más de contexto a la catástrofe que estamos experimentando. Las recompensas suelen ser materiales de mejora y sobretodo habilidades pasivas que podemos equipar en las farolas; estas nos permiten conseguir bonificaciones en el combate o en la vitalidad.

Progresión y personalización: hacerse más fuerte para seguir adelante

La progresión de Valor Mortis no se limita a mejorar las estadísticas de William mientras avanzamos por sus escenarios. El juego cuenta con una base que funciona como nuestro punto de referencia entre expediciones, un lugar donde podemos detenernos, prepararnos y organizar los siguientes pasos antes de regresar a una Europa consumida por la corrupción. Allí entran en juego varios personajes que nos ayudan a desarrollar las capacidades del protagonista, mejorar nuestro equipo y sacar más partido a las herramientas que tenemos a nuestra disposición. Esta estructura aporta un pequeño respiro entre los enfrentamientos y, al mismo tiempo, da sentido a la evolución de William: cada regreso a la base es una oportunidad para prepararnos mejor para lo que nos espera.

Los personajes que encontramos en este espacio cumplen una función importante dentro de la progresión, ya que nos permiten trabajar tanto en nuestras armas como en los poderes que obtenemos a lo largo de la aventura. De esta manera, la mejora del personaje no depende de un único menú que lo engloba todo, sino que se integra en las posibilidades que ofrece la propia base. Es una decisión que ayuda a dar personalidad al sistema y que nos anima a prestar atención a los recursos que conseguimos durante la exploración. Elegir qué mejorar y cuándo hacerlo forma parte de la preparación, especialmente cuando sabemos que los siguientes enfrentamientos pueden exigirnos una estrategia diferente.

Faroles y crecimiento

Otro elemento especialmente interesante es el uso de los faroles como hogueras, una mecánica que conecta Valor Mortis con una tradición muy reconocible dentro de los juegos de acción inspirados en los soulslike. Estos puntos sirven como lugares de referencia durante nuestros recorridos y nos permiten detenernos para gestionar el progreso de William. Al utilizarlos, podemos mejorar sus estadísticas y habilidades, lo que convierte cada hallazgo en algo más importante que un simple punto donde recuperar fuerzas o reorganizar la aventura. Encontrar un farol supone disponer de una nueva oportunidad para reforzar al protagonista y afrontar con mayores garantías los peligros que quedan por delante.

Esta combinación hace que la progresión tenga dos dimensiones complementarias: por un lado, la preparación y mejora del equipo; por otro, el crecimiento directo de William a medida que avanzamos. Me gusta especialmente que estas funciones estén integradas en el desarrollo de la aventura, porque refuerzan la sensación de estar construyendo poco a poco a un superviviente capaz de plantar cara a un mundo cada vez más hostil. No basta con superar los combates: también debemos aprovechar los descansos, gestionar nuestras mejoras y decidir cómo queremos evolucionar. Así, la progresión se convierte en una parte esencial de la experiencia y no en un mero trámite entre una batalla y la siguiente.

Cada enfrentamiento plantea un desafío

La variedad de enemigos es fundamental en un juego donde el combate tiene tanto peso. Si todos los adversarios nos obligaran a actuar de la misma manera, la fórmula acabaría agotándose demasiado pronto. Por eso, encontrarnos con amenazas que requieren diferentes aproximaciones ayuda a mantener el interés y nos anima a observar antes de actuar. La ambientación también juega a su favor: las criaturas que pueblan esta Europa corrompida refuerzan la sensación de estar recorriendo un mundo donde la guerra ha dado paso a algo mucho más siniestro.

Si hay un apartado en el que Valor Mortis debe demostrar que su sistema de combate funciona, es en los enfrentamientos contra los jefes. Estos encuentros concentran buena parte de las ideas del juego: la importancia de estudiar los movimientos del adversario, medir nuestros tiempos y combinar las distintas herramientas de William en lugar de confiar exclusivamente en la espada. La perspectiva en primera persona aporta una cercanía particular a los duelos, porque los ataques suceden prácticamente delante de nuestros ojos y necesitamos interpretar sus movimientos sin la comodidad de observar toda la escena desde una cámara alejada.

Enemigos y jefes

Un buen ejemplo es el general Lothaire, uno de los primeros grandes obstáculos de la aventura. Su enfrentamiento sirve para comprender que no podemos limitarnos a atacar sin descanso: sus golpes con armas de combate cuerpo a cuerpo nos obligan a estudiar sus patrones y encontrar oportunidades para contraatacar. La posibilidad de desestabilizarlo mediante bloqueos precisos y aprovechar sus puntos débiles con la pistola demuestra que el juego espera que combinemos sus sistemas. No basta con blandir la espada; debemos comprender cómo encajan las distintas herramientas de William para abrir una ventana de ataque y aprovecharla antes de que nuestro rival vuelva a tomar la iniciativa.

Lo interesante de estos encuentros es que ponen a prueba distintas facetas del sistema. Mientras algunos nos exigen dominar los tiempos de defensa y contraataque, otros destacan por su diseño visual y por la manera en que integran el escenario en la pelea. Esa variedad es importante para evitar que todos los jefes se conviertan en el mismo duelo con una barra de vida más larga. Además, la progresión de William cobra especial relevancia aquí: las mejoras, las armas y los poderes de corrupción que hemos desarrollado durante la aventura deben servir para algo más que facilitar los enfrentamientos corrientes.

Una dificultad exigente, pero que invita a aprender

Hay una diferencia importante entre un juego difícil y uno que simplemente resulta frustrante. Valor Mortis apuesta por una experiencia que exige atención, paciencia y cierta capacidad para asumir los errores como parte del aprendizaje. Su planteamiento táctico encaja con esta filosofía: observar al adversario, entender sus movimientos y elegir cuándo atacar puede marcar la diferencia entre salir victoriosos o terminar de nuevo en el suelo.

También es importante que la dificultad no dependa exclusivamente de la habilidad para reaccionar con rapidez. El peso del movimiento cuando peleamos hace que debamos acostumbrarnos al control y medir nuestras acciones, mientras que la combinación de armas y poderes nos permite afrontar los enfrentamientos desde distintas perspectivas. Cuando estos elementos trabajan en conjunto, la exigencia se convierte en un incentivo para mejorar. No se trata de vencer a cualquier precio, sino de comprender las reglas del juego y aprovecharlas a nuestro favor.

Apartado técnico

En el apartado técnico, Valor Mortis me ha dejado sensaciones encontradas. Por un lado, la propuesta funciona y consigue trasladarnos a esa Europa napoleónica corrompida que sirve como escenario para la aventura. Sin embargo, durante la partida también aparecen problemas de rendimiento que empañan la experiencia, con caídas de fluidez que se hacen especialmente molestas en un juego donde la precisión resulta tan importante. A esto hay que sumar algún cuelgue y ciertos bugs que pueden interrumpir el ritmo de la partida y sacarnos de una experiencia que, por su ambientación y su planteamiento jugable, tiene argumentos suficientes para mantenernos enganchados.

La parte positiva es que estos problemas no parecen haber pasado desapercibidos para el equipo de desarrollo. One More Level está trabajando en mejorar el estado del juego mediante distintos parches, con correcciones destinadas a solucionar errores y mejorar la estabilidad. Es una buena señal, aunque habrá que ver cómo evoluciona el rendimiento con las próximas actualizaciones y hasta qué punto consiguen corregir los fallos que todavía pueden aparecer durante la partida. Al final, una propuesta como Valor Mortis necesita que sus sistemas respondan con la mayor precisión posible: cuando un combate exige concentración y reflejos, un problema técnico puede resultar mucho más frustrante de lo que sería en otro tipo de juego.

Apartado gráfico y artístico

Una de las cosas que más me gustan de Valor Mortis es su manera de retorcer la estética de las guerras napoleónicas para convertirla en algo mucho más oscuro y perturbador. Me parece que la combinación de uniformes militares, escenarios devastados y criaturas deformadas funciona especialmente bien, porque consigue que este mundo tenga una identidad propia sin necesidad de recurrir constantemente a los tópicos habituales de la fantasía oscura. Hay algo muy inquietante en recorrer una Europa que, pese a conservar elementos reconocibles de su época, parece haber sucumbido por completo a una pesadilla. Además, el diseño de los enemigos y los jefes contribuye a reforzar esa sensación de corrupción, con criaturas que transmiten una violencia y una deformidad que encajan perfectamente con el universo que plantea el juego. Es una dirección artística que, personalmente, considero uno de sus puntos más atractivos.

En lo puramente gráfico, sin embargo, creo que hay aspectos que podrían estar más pulidos. Aunque algunos escenarios consiguen transmitir muy bien esa sensación de decadencia y desolación, no todo mantiene el mismo nivel de detalle, y ciertos elementos visuales no resultan tan llamativos como cabría esperar. A esto se suman los problemas técnicos que he comentado anteriormente, que pueden empañar la experiencia y restar impacto a determinados momentos. Aun así, para mí lo importante es que Valor Mortis consigue diferenciarse gracias a su propuesta artística. No necesita ser un espectáculo gráfico constante para llamar la atención, porque su mayor virtud está en la atmósfera que construye y en esa mezcla de historia, horror y corrupción que hace que recorrer sus escenarios resulte tan inquietante como atractivo.

Apartado sonoro

El apartado sonoro de Valor Mortis me parece fundamental para reforzar la atmósfera de terror que envuelve toda la aventura. Los efectos de las armas, los impactos durante los combates y los sonidos de las criaturas ayudan a transmitir la brutalidad de los enfrentamientos, algo especialmente importante en un juego en primera persona donde todo sucede tan cerca de nosotros. El sonido contribuye a que recorrer sus escenarios resulte inquietante y a que nunca terminemos de sentirnos completamente seguros. Además, la ambientación napoleónica aporta un contraste interesante con los elementos sobrenaturales, creando una identidad que encaja con esa Europa consumida por la corrupción. Es una combinación que acompaña bien a la propuesta y ayuda a mantenernos dentro de su universo.

La música también tiene un papel importante a la hora de acompañar los momentos de tensión y dar más intensidad a los enfrentamientos. No todo consiste en mantenernos en alerta mediante sonidos estridentes: la ambientación necesita encontrar un equilibrio entre la inquietud de la exploración y la intensidad de los combates. En mi opinión, ese trabajo es importante para que Valor Mortis no dependa exclusivamente de sus criaturas y escenarios a la hora de transmitir una sensación de amenaza. El sonido completa la experiencia y contribuye a que su mundo resulte más opresivo, aunque es la combinación de todos estos elementos con su dirección artística la que termina dando personalidad al conjunto.

Conclusión

Valor Mortis me parece una propuesta interesante para quienes disfrutamos de los juegos de acción exigentes y de las ambientaciones oscuras. Su reinterpretación de la Europa napoleónica, el diseño de sus criaturas y la apuesta por un combate en primera persona le permiten construir una identidad propia. Me gusta especialmente que no se limite a trasladar una fórmula conocida a otro escenario, sino que intente encontrar su espacio mediante la combinación de armas, poderes sobrenaturales y enfrentamientos que requieren observar al enemigo antes de actuar. La exploración y la progresión también contribuyen a mantener el interés, mientras que la base, los personajes que nos ayudan a mejorar el equipo y los faroles que permiten desarrollar las capacidades de William dan sentido a nuestro avance. Hay una aventura con personalidad detrás de todo esto, y creo que esa es una de sus mayores virtudes.

Sin embargo, no puedo pasar por alto los problemas técnicos que he encontrado durante la partida. Las caídas de rendimiento, algún cuelgue y ciertos bugs terminan perjudicando una experiencia en la que la precisión es fundamental. Es positivo que One More Level esté trabajando en corregir estos problemas mediante parches, pero todavía queda trabajo por delante para que el conjunto alcance el nivel que merece. Aun con esos inconvenientes, Valor Mortis tiene elementos suficientes para despertar la curiosidad de quienes buscan una aventura diferente, con una ambientación muy marcada y combates que nos obligan a pensar. Personalmente, me quedo con su propuesta artística y con la intención de ofrecer algo distinto dentro del género.

Lo mejor

  • Su ambientación napoleónica: una reinterpretación oscura y sobrenatural
  • El combate táctico en primera persona: exige observar, medir los tiempos y aprender de los errores
  • La progresión de William: la combinación de mejoras, armas y poderes aporta profundidad al desarrollo del protagonista
  • Los enfrentamientos contra los jefes: encuentros que ponen a prueba nuestra capacidad para adaptarnos y aprovechar las herramientas disponibles

Lo peor

  • Un movimiento algo pesado: requiere acostumbrarse al control y puede restar agilidad a determinados enfrentamientos
  • El margen de mejora técnico: necesita más trabajo de optimización para ofrecer una experiencia consistente

Nuestra valoración de Valor Mortis

Este análisis ha sido posible gracias a una clave cedida por JF Games.

Pedro A.

About Author

Historiador, amante del cine, de los gatos y de los murciélagos que protegen la ciudad gótica. Videojugador desde chiquitito, si quieres conquistarme, tu dame un buen personaje y una buena historia y me tendrás en la palma de tu mano.

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